Cómete Barcelona entre dos panes

De autor, de toda la vida, de inspiración oriental, cocinados a fuego lento y chorreantes de salsa barbacoa o rellenos de los guisos que podría preparar tu abuela: la oferta bocadillera de Barcelona es interminable, por suerte para todos los que pensamos que todo sabe mejor si se come con pan. En esta lista están algunos de nuestros locales y bocatas favoritos: no les cojas demasiado cariño, porque te los habrás comido antes de que te dé tiempo a pedir más servilletas.

 


Entrepanes Díaz (Carrer de Pau Claris, 189 – Diagonal)
Técnicas y materia prima de alta cocina metida en un bollito crujiente de miga esponjosa elaborado por el Forn de Sant Josep: eso -además de un servicio inmejorable- es lo que vamos a encontrar en Entrepanes Díaz. Su bocata de calamares se caracteriza por una fritura ligerísima y crujiente, y va aderezado con una mayonesa de su propia tinta y un poco de perejil. El Antxon es pura lujuria, chistorra, crujiente de patata y huevo a baja temperatura. Consultad la pizarra para descubrir el resto de la carta, y acompañadlos con ensaladilla rusa, sus bravas horneadas o una ración épica de callos con garbanzos.

 


Can Conesa (Carrer de la Llibreteria, 1 – Jaume I)
Un clásico que ya ha alimentado a varias generaciones -abrieron en 1951- desde su pequeño local al lado de la Plaça Sant Jaume. Aunque también hacen bocadillos fríos -el clásico pa amb tomàquet con jamón, queso, longaniza o butifarra- destacan sobre todo por su estupendo dominio de la plancha. Su hamburguesa de las de toda la vida, de las que se nota la calidad de la carne, el queso fundido y la cebolla pochada redondeando el conjunto, la butifarra de calçots -solo en temporada, aún puedes probarla- o el Thüringuer, de bratwutrst con chucrut son algunos de los motivos para volver a su barra una y otra vez.

 


Bar Fidel (Carrer de Ferlandina 24 – Universitat)
Encontrar mesa en el Bar Fidel en fin de semana es casi más difícil que hacerlo en el Celler de Can Roca. El secreto de su lleno absoluto está en sus bocadillos, que lleva un buen montón de años alimentando a los parroquianos del Raval con sus bocadillos creativos. Con queso, jamón canario, salchichas al vino o pollo especiado como base -además de los ´gambusinos’ y ‘gourmet’, dan para no repetir aunque vayas muy a menudo. También tienen ensaladas, unas bravas campeonas, menú de mediodía y otros platos caseros como arroces o canelones.

 


Sagàs, pagesos i cuiners (Pla de Palau, 13 – Barceloneta)
El concepto que da forma a Sagàs, pagesos y cuiners, pivota alrededor de un pequeño pueblo del Berguedà del mismo nombre en el que se encuentra Cal Rovira, una pequeña explotación ganadera donde se crían todos los animales que llegan a estos deliciosos bocadillos. Oriol Rovira, el pequeño de la saga, parte de ese impecable producto y lo lleva de paseo por el mundo en forma de porchetta con el jugo de su cocción en coca de Folgueroles o un potente Bánh Mì vietnamita. También hay pescado, calamares y oferta vegetariana, además de múltiples acompañamientos.

 


Chivuo´s (Carrer Torrent de l’Olla, 175 – Fontana)
Cinco bocadillos -más alguno en rotación- son la base de la carta de Chivuo´s, y la verdad es que no hace falta más. Su pulled pork es de los más conocidos a fuerza de prodigarse con éxito por todos los eventos de street food de la ciudad, pero el Philly Cheese Steak, la hamburguesa y el Tuna Melt también merecen atención. El de Torrent de l´Olla fue el primero en abrir, pero ya tienen dos locales más en el Raval y l´Eixample: escoge el que te quede más cerca y deja que su sustanciosa salsa te caiga en churretes hasta los codos mientras pruebas su selección de cerveza artesana. Vale la pena.

 


Pastrami Bar/Paradiso (Carrer de Rera Palau 4, – Barceloneta)
Mucho ha llovido desde que los creadores de Rooftop Smokehouse empezaron a hacer pruebas de ahumados en su patio con un barril como toda herramienta. Desde entonces han aprendido a hacer el mejor pastrami de Barcelona, y en su Pastrami Bar puedes probarlo en un soberbio bocadillo. Los de panceta con kimchi, ternera a baja temperatura con mostaza de cerveza y caballa ahumada con ensalada de remolacha piden una segunda, tercera y cuarta visitas. Si cuando termines empujas la nevera roja que hay a la derecha de la barra, te llevarás una sorpresa (en forma de delicioso cóctel).

Río DOC

La cocina brasileña no es demasiado conocida por estos lares, pero cualquiera que haya probado platos de sus platos más emblemáticos estará contento de tener un lugar donde comer feijoada, tapioca, pao de queijo o prato feto. En la carta de Río DOC podrás encontrar todo eso y más cosas para que te sientas como en el mismísimo Sao Paulo.

La real hamburguesería

¿Quién puede resistirse a una hamburguesa de 180 gramos de picanha de ternera nacional, cerdo o pollo con bacon ahumado, diferentes quesos, pepinillos o cebolla servida en pan de brioche? Vale, un vegetariano -ellos tienen una versión de garbanzos y quinoa-, pero estamos seguros de que nadie más. O eso dicen los clientes asiduos a la Real.

Amovino

Aquí tenemos uno de esos lugares de los que puedes disfrutar en situaciones muy diferentes. Una de ellas es una cena o comida maridada con vino, en la que puedes probar tres platos de cocina de mercado preparada con amor, con sus correspondientes referencias, todo por un precio más que competitivo.

Helados para derretirse

Pocas cosas alegran un día de calor como un buen helado. Cremosos y dulces los clásicos como el turrón, la avellana o el chocolate y frescos y afrutados los sorbetes más ligeros (los nuevos sabores como el jengibre o la albahaca están a la orden del día, y se agradece). Seas de unos o de otros, Barcelona ofrece una buenísima selección de heladerías artesanas en las que refrescarse degustando productos de primerísima calidad: echa un vistazo a nuestra lista y podrás ir a tiro fijo.


Cremería Toscana (Carrer de Muntaner, 161 – Hospital Clínic)
Helados artesanos italianos de manual, un montón de opciones cremosas y tradicionales -turrón, avellana, diferentes chocolates, tiramisú, dulce de leche y un pistacho muy a tener en cuenta- además de sorbetes con combinaciones actuales. Más allá del helado clásico en tarrina o cono preparan otras cosas muy divertidas, como sandwiches con ricas galletas caseras. En el piso superior tienen un pequeño salón con mesitas y sillas donde disfrutar in situ de postres y cafés.


DelaCrem (Carrer d´Enric Granados, 15 – Universitat)
Los helados de Massimo Pignata provocan colas que pueden dar la vuelta a la esquina, y no es para menos. Esperar unos minutos para disfrutar de sus creaciones -es conveniente preguntar siempre por los sabores de temporada, que pueden ir desde la cereza estacional hasta la rosa en Sant Jordi, el matcha o la coca de Sant Joan- es un mal menor, y vale muchísimo la pena. Distribuye y prepara helados para diferentes restaurantes de la ciudad, y es relativamente fácil encontrarle en eventos de food trucks y comida al aire libre: todo bien, pero no pararemos hasta que haya un DelaCrem en cada barrio.


Paral.lelo (Carrer de Séneca, 18 – Diagonal)
Los últimos en incorporarse a la oferta heladera de la ciudad, y seguramente los que más arriesgan escogiendo combinaciones de sabor (siempre con sorprendente éxito). Su cremoso helado de mostaza antigua se ha colado en el podium barcelonés por derecho propio, el Macondo de chocolate puro satisface sin empalagar y el ‘oro de la Mancha’ demuestra que hasta el azafrán tiene lugar en un helado si se sabe cómo tratarlo. También preparan sabores clásicos y paletas de fruta sin azúcares añadidos: la de naranja y frambuesa y la de limón con albahaca harán que cualquiera se replantee lo de que los polos son para los niños.


Gocce di latte (Pla del palau, 4 – Barceloneta)
Empezamos a hablar de Gocce di latte planteándonos una pregunta que le rondará a cualquier entusiasta heladero: ¿por qué es tan difícil encontrar en Barcelona algunos sabores clásicos como la nata? Pues aquí tienen su retiro espiritual los que disfrutan por igual de una straciatella que de un sorbete de pera, un chocolate picante o la explosiva combinación de cardamomo y jengibre (o la versión con dátiles). Si te apetece algo menos frío hay crêpes, gofres, capuccino, chocolate caliente y affogatto, además de un notable tiramisú.

 


Belgious (Rambla del Poble Nou, 24)
Si vas camino de la playa de Poble Nou -o de vuelta, todavía mejor- es más que posible que te apetezca refrescarte. Y estarás de suerte, porque tienes Belgious a la vuelta de la esquina, y allí su selección de helados naturales de sabores sorprdentes como aceite de oliva, tomillo, mojito o lo que ofrezca la temporada. Entre sus especialidades podemos destacar la Tigela, un clásico brasileño que combina la pulpa del açaí con plátano helado, zumo de naranja y cereales crujientes, que se toma a modo de bol de desayuno o merienda.


Rocambolesc (Rambla de les flors, 51 – Liceu)
Conseguir una mesa en el Celler de Can Roca no es fácil ni barato, pero para probar alguna de sus creaciones solo tienen que acercarte al Liceu barcelonés. Allí encontrará Rocambolesc, una de las heladerías en las que Joan Roca acerca su alta heladería al gran público. La decoración recuerda a la fábrica de chocolate de Willy Wonka, y lo que sale de ella también: el algodón de azúcar, las nubes caseras y otros toppings pensados para convertir el helado en una experiencia gourmet están a la orden del día. Si no estás para tanta floritura, prueba sus polos; no te decepcionarán.

 

 

El mejor café de Barcelona

Disfrutar de un buen café debería ser un derecho constitucional, pero la realidad nos demuestra a diario a los incondicionales de esta bebida que el producto mediocre y los nulos conocimientos baristas están a la orden del día. Por suerte hay una serie de locales donde se miman desde la materia prima hasta la elaboración, pasando por el tostado, el molido, la leche o la bollería: bienvenido a nuestros santuarios cafeteros.

Nomad (Passatge Sert 12 – Born y Carrer Joaquim Costa 26 – Raval)
Más que una cafetería al uso, Nomad es un templo de todo lo que tiene que ver con el buen café. Además de preparar un expresso de categoría y potencia contrastada –si lo pides doble tienes las mejillas rojas aseguradas para un buen rato– siempre recién tostado y venderlo, también hacen cursos de formación para aficionados y profesionales, asesoran y distribuyen. Preparan un cold brew de campeonato, y tienen un servicio de suscripción, la Nomad Box, que se encargará de mandarte a casa cada mes 250 g del café más adecuado a tus gustos (previa elaboración de un test).

OnNa Coffee (Carrer Santa Teresa, 1 – Gràcia)
En este acogedor y cálido local del barrio de Gràcia solo se sirve café procedente de Costa Rica, seleccionado personalmente por su propietaria Anahí Páez. Los baristas profesionales de su equipo te guiarán entre las múltiples posibilidades para consumir su aromático producto. Además de café –o té, que también tocan ese palo– tienen buenos bowls, bagels y otras opciones para comer a mediodía, con una interesante oferta vegetariana. Para desayunar o merendar hay que probar su tarta de crema de chocolate con caramelo y naranja confitada.

Satan´s Coffee Corner (Carrer de l’Arc de Sant Ramon del Call 11 – Gótic)
Lo que ahora es una luminosa cafetería en la que además de café se sirven desayunos, sandwiches, brunch y comidas –mucho ojo cuando se dejan llevar por la influencia asiática: lo hacen de vicio– empezó siendo un rinconcito en una tienda de decoración y cosas bonitas del Raval. Allí Marcos Bartolomé despachaba lo mismo que ahora: un café seleccionado con mimo, tostado por encargo y preparado con una meticulosidad que lo hizo convertirse en lugar de peregrinaje para los más cafeteros. Cuentan con otro espacio con una oferta muy similar dentro del hotel Casa Bonay (Eixample).

Cafés el Magnífico (Carrer de l’Argenteria, 64 – Born)
Cuando aún estás a unos 15 metros de este mítico local del Born, un penetrante olor a café tostado ya te anuncia que vas a llegar a él. Llevan desde 1919 despachando, moliendo y preparando una cuidada selección de granos procedentes de Brasil, Indonesia, Panamá o Ruanda –entre muchos otros sitios–, seleccionados por un equipo en constante formación. Además de café para preparar en casa o tomar allí mismo venden galletas, accesorios y vajilla, y también cuentan con una cuidada selección de infusiones en Sans & Sans, su casa de té.

Café Caracas (Carrer del Cigne 18 – Gràcia y otras localizaciones)
Su declaración de principios dice que “el perfecto café gourmet no se consigue por casualidad, es un acto de amor”, y no podemos estar más de acuerdo. Lo que empezó siendo en 1954 un pequeño tostadero se ha convertido en más de 40 establecimientos, muchos situados cerca de los mercados de la ciudad. Además de tomar y comprar sus cafés cuidadosamente seleccionados –molidos al momento, para poder ver el aspecto, color y tamaño originales de los granos– cuentan con una selección de pastas y bocadillos listos para comer, lo que los convierte en una opción ideal para un bocado mañanero rápido.

Caravelle (Carrer del Pintor Fortuny 31 – Raval)
Preparado en una cafetera La Marzocco, seleccionado habitualmente entre la oferta de Nomad –con otros proveedores eventuales– y, si se quiere, acompañado con leche fresca de una pequeña granja de L’Ametlla Del Valles: así se sirve el café en Caravelle (además de cold brew, una opción que vale la pena probar). Aunque su producto es perfecto para tomar solo a media mañana, a media tarde o después de comer, como mejor sienta es como broche final después de su delicioso brunch, del que además se puede disfrutar a diario. Porque, ¿quién decidió que las tortitas y el sandwich cubano son solo para el finde? Pues eso.

¿Ya te has decidido? Un buen café se toma a lo largo del día pero si quieres acompañarlo con más cosas te recomendamos, por ejemplo, hacer una visita a alguno de los mejores brunch de Barcelona, te sorprenderán.