El Ingenio

El Ingenio (Carrer de Rauric 6, 933 17 71 38)

El cabezudo que da la bienvenida en la puerta de El Ingenio advierte al visitante de lo que puede encontrarse en el interior. Y es que traspasar las puertas de esta tienda centenaria supone sumergirse en una explosión de colores, formas y texturas que hará que la vista no pueda permanecer fija en un sólo punto ni un minuto. Todo son llamadas de atención y prácticamente cada artículo que hay en la tienda incita a la diversión.

La familia de Rosa Cardona, actual encargada de la tienda, lleva muchos años haciéndose cargo de este negocio en el que la creatividad es un punto clave. En la propia trastienda del local se encuentra el taller en el que se dan forma a esos gigantes y cabezudos que en algún momento saldrán a las calles a divertir a los mayores y sorprender a los niños en días de fiesta. Sobre su fabricación, la tienda y muchas cosas más hablamos con Rosa.


Rosa Cardona, en su negocio

¿En qué año empieza el negocio?
El negocio empieza en 1838, pero mi familia lo cogió en 1924. Siempre vendimos los mismos artículos. Obviamente se fueron añadiendo novedades, como malabares o globos, pero siempre con la misma línea de productos.

¿Hay algún artículo que sea el que más se vende?
No, no te creas, es todo muy variado. Hay días que se venden más cosas o de otras, de magia o de bromas…

¿Los cabezudos y los gigantes los hacéis por encargo?
Sí, también. Es decir, tenemos los que siempre están, que se pueden ir rectificando para ir cambiando un poco y luego tenemos los que nos piden expresamente, que hacemos un prototipo para la persona que lo encarga.

¿Lo fabricáis vosotros todo?
Sí, tenemos el taller aquí mismo.


Detalle del interior del taller

¿Qué tipo de clientes tenéis? ¿Turistas o de toda la vida?
Pues aquí hay de todo. Están los de toda la vida, que ya sus abuelos los traían de pequeños y ahora traen a sus niños. Y luego también hay un montón de turistas, que aunque no quiere decir que compren todos, pues entran. Estamos en todas las guías, en revistas de avión y en muchos sitios y claro, somos muy conocidos. Eso sí, todos entran aquí con muy buen humor.

¿Y habéis tenido clientes famosos?
Ha venido Joan Brossa, que era muy amigo nuestro. Han venido Els Comediants, Els Joglars, muchos magos…Y Dalí era amigo de mi abuelo y pasaba por aquí a saludarle cuando iba al Ayuntamiento. E incluso se compró un gigante para ponerlo en Port Lligat, porque le gustaba mucho y aún está. Él ya no, pero el gigante sí.

Al haber estado siempre en este local, habrás visto la evolución del barrio ¿Ha ido a mejor?
Según que cosas. Por ejemplo, antes había tiendas que me gustaban más que ahora, aunque la hostelería ha mejorado, está mejor montada y tiene más gancho. Sin embargo, se han perdido tiendas de toda la vida… ahora en la calle Boquería todo son tiendas mayoristas de bisutería y eso hace que el barrio pierda personalidad. A mi hasta me extraña que los políticos no pongan coto a esto, porque con esta pérdida de las tiendas de toda la vida Barcelona se convierte en una ciudad como otra cualquiera, pierde carisma.


Interior de la tienda

¿Estáis notando mucho la crisis?
Sí, sí la estamos notando. Nosotros teníamos muchos pedidos de los ayuntamientos, por los cabezudos, pero ahora no tienen dinero. El cliente habitual va viniendo, no con la misma alegría económica que antes, pero va viniendo. Sin embargo, lo de los ayuntamientos ha sido un tema delicado.

¿Y cómo ves el futuro del negocio? ¿Seguirá más o menos como hasta ahora?
Yo creo que sí. Esta tienda gusta mucho y en todo momento va a encontrar su camino.

Tenéis página web ¿Habéis probado las redes sociales?
No, las redes sociales no. Hemos abierto una tienda online, que estamos empezando a trabajar ahora, a ver qué pasa. A raíz de vender cabezudos para algún cliente que era turista de Estados Unidos hemos decidido probar, porque claro, esto en según que países ni pensar en encontrarlo. Lo que pasa que hemos tenido que organizarnos muy bien para el tema de los envíos, pero ahora ya lo tenemos todo montado.

¿Estáis al corriente de los comentarios que hay en Internet, en páginas como 11870.com?
No, no estamos muy pendientes, pero entraré a mirar.

Un breve cuestionario:

Un sitio que te guste de la ciudad: hay varios sitios, pero por ejemplo el Espai Brossa me gusta. Hay buena gente, mucha cultura y está muy bien.

¿Qué es lo que más te ha gustado de dedicarte a esto? La creatividad, las ideas que se te ocurren trabajando aquí, el trato con el público, que es muy cercano. Me atrevería a decir que esta tienda da felicidad.

¿Y si te hubieses dedicado a otra cosa a qué habría sido? Pues a algo creativo pero no lo sé, porque soy de esas personas que intenta pasárselo bien con todo lo que hace.

Parte de la fachada de la tienda

Lencería Jaime

Lencería Jaime (San Bernardo 5, 915 47 22 36)

Jaime Ventas es entrañable. Así, sin más, es difícil buscar otro adjetivo. Cuenta la historia de su peculiar negocio con gracia, con un punto “pichi”. Hijo de mercero, mercero y padre de merceros, pregona con desparpajo que es “el mejor mediero de Europa”: Y es que esto es el paraíso del panty, de la liga, de la media. Hay miles de modelos, de estampados, de colores, de materiales. Por no hablar de los botones. El peculiar escaparte de este negocio lleva años alegrando el gris de las aceras de San Bernardo. Jaime, su dueño, nos ha dedicado un ratito para contarnos qué es ser el rey de las medias del Viejo Continente. Ayudado, como siempre, por Ana, su cuñada, que lleva trabajando en el negocio familar desde los once años. Y tiene alguno más.


Jaime y Ana, la encargada, en el mostrador con varias medias

Jaime, cuéntanos cómo nace este negocio.
Lo funda mi padre en torno a 1944. Antes esto lo formaban dos locales: un negocio que no recuerdo qué era (porque en aquella época yo estaba a por yerba) y una peluquería. Luego los unismo. Esto Empezó siendo una mercería y yo entré en 1964. Por aquella época yo tenía un negocio de peletería en otro local cercano y traje botones para abrigos de piel. Pero enseguida me di cuenta de que  era un negocio y lo expandí. Además de este tenemos otros locales, dos de ellos en La Vaguada, que es una mercería típica, y en La Paz.

¿Y cómo empezaste con las medias?
Pues empezamos con la marca Berkshire. Debía ser el año cincuenta y tantos, porque Di Stefano acababa de llegar al Madrid y anunciaba esta marca con el lema “si yo fuera mi mujer usaría medias Berkshire”. Yo soy un experto de los escaparates y esas Navidades monté uno con cajas de esa firma llenas de lucecitas. El señor  Navaeza, el directos, pasó por aquí y me felicitó y nos tomamos una cerveza. Ya ha muerto… ¡En gloria esté!

Y ahora no hay quien os pise…
Sin lugar a duda soy el mejor, el número uno de Europa. Aquí hay medias, pantis, todo lo que quieras, de cualquier color. Al Corte Inglés nos lo pasamos por aquí, vamos. Lo que no tenemos es género chino porque es malísimo y no nos interesa. Tenemos algunas cosas más asequibles, pero en general nuestra clientela es selecta y busca licra, lana y algodón de calidad. También tenemos algo de mercería, pero para abastecer a los clientes que vienen y necesitan algo puntual. Pero ya no es un negocio.

Hemos oído que viajas mucho para conseguir el mejor género.
Voy a Londres, Roma, a las afueras de Milán… Me siento con los proveedores y nos tiramos días negociando cantidades. Luego distribuyo a las tiendas desde mi almacén de Barajas. Como traigo mucho género e invierto mucho capital, consigo buenos precios.


Medias y calcetines inundan el local

¿Y la crisis no afecta a la vestimenta de las piernas?
Mira, nos conocen de todas partes del mundo: de Argentina, de Inglatera, de Francia… Y los forasteros vienen a comprar aquí, pero tengo la sensación de que se están gastando menos que los de aquí. Somos 46 millones de habitantes, que yo divido en tres grupos: los que no tienen nada, los que medio tienen y los que tienen. Nuestros clientes están entre esos dos grupos. A ver, la crisis se nota. Igual este año en que más, con un descenso del 10 por ciento. Pero hay meses que es un cinco por ciento, luego igual sube…no nos podemos quejar porque se hizo dinero en su época y solo se ha gastado en el negocio.

Debes ser un absoluto experto en la moda de las piernas… Jaime, dinos, ¿Qué se lleva esta temporada?
Sobre todo los lisos en todos los colores, fundamentalmente en amarillo, rojo, blanco y negro.

¿Tenéis muchos clientes famosos?
Ana: vendemos muchísimo al Teatro Real y a mucha gente del mundo del teatro y el cine. Por ejemplo, aquí ha venido un encargado de Pedro Almodóvar. Le vendimos las medias de costura negra a los productores de la película Manolete para Penélope Cruz, y más de trescientas para el musical Chicago… ¡Fue muy difícil dar con la liga perfecta! También surtimos de medias al musical de Hoy no me puedo levantar. Y luego, de famosos, vienen muchos, como Lola Herrera, para su tienda, Natalia Millán o Sánchez-Dragó.


Jaime en la fachada de su conocido escaparate, que él elabora

Jaime, con un negocio tan conocido, ¿No te has planteado abrir una web o meterte en redes sociales?
No lo considero necesario, aunque lo mismo tenemos que meternos porque vale poco dinero y de lo que hagas nunca es poco.

Respóndenos, por último, a un cuestionario:

Un complemento básico para que una chica esté guapa: Lo más importante es que no sea tontina.

Algo que te guste vender y no vendas: Nada, estamos contentos con lo que tenemos.

Un rincón de Madrid: El Rastro. El otro domingo estuve, comiendo sardinas.

 Un viaje pendiente: Ir a los Santos Lugares.

Un restaurante que te guste: Hay que ir a Casa Duque, en Segovia, a comer tostón y cordero asado.


Es imposible no pararse al paso del escaparate

Brunells

Brunells (Carrer de la Princesa 22)

El olfato se siente estimulado al pasar por delante de la pastelería Brunells. De su interior salen aromas prometedores para las papilas gustativas y cuando la vista enfoca las hileras de bombones, pasteles, bollería y demás tentaciones en forma de dulce la persona está perdida ¿Cómo resistirse? Resulta casi imposible y seguramente esa sea la clave del éxito de este negocio centenario.

En su interior aún conservan y utilizan diariamente el horno de piedra que lleva cocinando alimentos 150 años y la maquinaria del obrador puede que no sea la más moderna, pero sí la más efectiva. Así nos lo explica mientras nos hace un recorrido por las instalaciones Manuel Díaz, presidente de la sociedad de trabajadores que actualmente regenta el negocio. Y una curiosidad: tienen el record Guiness al huevo de chocolate vacío más grande del mundo ¿Qué te parece?


Manuel Díaz, en el obrador

¿Cuál es la historia del negocio?
En un principio esto pertenecía a la familia Brunells, que lo debió de coger aproximadamente en 1910 o por ahí… anteriormente era una panadería y se fue ampliando. Después siguió el hijo en los años 60 y ahí empecé yo a trabajar para él. Llevo aquí 47 años trabajando, empecé antes de cumplir 14 años y actualmente soy el presidente de la sociedad (hago un poco de todo: el encargado, el gestor de personal, la mujer de la limpieza, lo que haga falta…). La parte de la cafetería es cosa mía, cuando yo entré no estaba, sólo había la pastelería y el obrador.

¿Los productos que venden ahora en la pastelería los fabrican aquí?
Podemos decir que casi todos. Un 90% de lo que vendemos se hace aquí. La gente del obrador trabaja de cinco de la maña a dos de la tarde y lo hacen todo aquí.

¿Tienen algún producto que sea especialmente representativo del negocio, que vendan más que otros?
No, afortunadamente vendemos mucho de todos, pero no tenemos ninguno que sea el más vendido. Tenemos muchas cosas que son típicas de Cataluña o de Barcelona, como las cocas de Llardons, cosas así.

¿Qué tipo de clientes tienen? ¿Hay más turistas o tradicionales?
Hoy por hoy hay mitad y mitad de locales y turistas, más o menos. También es cierto que mucha gente se ha ido de este barrio. Durante mucho tiempo eran los extranjeros los que venían aquí a comprar casas y la gente de toda la vida se iba. Y ahora podemos decir que estamos en un peor momento, porque no han sabido hacer con el barrio lo que pretendían hacer, que era una especie de barrio antiguo de París y no ha sido así. Hay algunas tiendas por aquí que no entiendes cómo se mantienen y ahora está todo decayendo.


El obrador, en un momento de calma

Y la pregunta de estos días ¿Cómo están llevando la crisis?
Afectar, afecta a todo el mundo, pero dentro de lo que cabe no nos podemos quejar en comparación con otra gente.

¿Cómo ve el futuro del negocio? ¿Lo ve manteniéndose como hasta ahora?
Yo creo que sí. Por la sencilla razón de que peleamos mucho. Yo, que soy el presidente, me paso 14 horas aquí casi cada día. Muy mal tienen que ir las cosas para no poder luchar.


Interior del horno de piedra, de 150 años

¿Tienen página web, están en las redes sociales?
Sí, sí. En la puerta tenemos un cartelito con las direcciones, tenemos web, estamos en Facebook, en todo.

Un breve cuestionario:

Un restaurante que recomiende de Barcelona: aquí al lado hay uno muy antiguo y muy bueno, el Nou Celler.

Su dulce preferido: la verdad es que me gustan todos mucho y encima soy diabético. Pero si tuviese que decir algo, diría la nata más que otra cosa.

¿Qué es lo mejor de este trabajo? yo lo he pasado muy bien aquí, lo he pasado mal, lo he pasado de todas maneras. Aunque te diría que el cliente antes era mucho mejor, más educado y el trato más personal. Ahora parece que todo el mundo va acelerado y, a veces, con malas maneras.


Interior de la pastelería, todo tentaciones

Hylogui

Restaurante Hylogui (Ventura de la Vega 3, 914 29 73 57)

Amigos de la espuma de tortilla de patatas, las gelificaciones, el nitrógeno líquido y otras moderneces: os avisamos que si no salís de estos usos, Hylogui no es para vosotros. Aquí se come cabrito, cordero, judías gordotas de Ávila y criadillas. Cocina española con más resonancias de Cándido que de Arzak. Con más de 80 años en sus espaldas, Hylogui sigue en pie, capeando la crisis con humor y cocina de carbón. Hemos hablado con Mariano Burgos, el jefe de sala y tercera generación de un negocio que quiere que la gastronomía española también sea conocida por su comida de siempre.


Mariano, a la derecha, con Demetrio, camarero desde hace 42 años

Cuéntanos la historia de este lugar, de cómo nace y cómo llega a tus manos.
Hylogui viene de los nombres de los tres socios fundadores: Higinio, abulense; Lorenzo, madrileño que estuvo en el negocio 3 o 4 años y Guillermo, que es asturiano. Higinio era primo segundo de mi abuelo y ya sabes como era la cosa en los pueblos; si alguien ponía negocio, tirabas de familia. Así que en 1963 empieza como camarero mi tío Saturnino, con 16 o 17 años. En 1965 enra mi tía como cocinera y su marido Santiago de camarero. Los fundadores, Higinio y Guillermo, tenían hijos, pero no querían dedicarse a esto. Así que en 1970 proponen a Saturnino y Santiago quedarse con el negocio. Más tarde entra Mariano, mi padre.

Y ya ha habido relevo…
Somos la tercera generación; yo, que estoy de jefe de sala, mi prima de jefa de cocina y en la cafetería que tenemos, que fue donde originariamente se fundó Hylogui, está mi primo. Todo es familiar.

¿Qué tipo de cocina hacéis?
Siempre hemos hecho cocina casera, de raíz abulense y asturiana con algo de la madrileña. Y siempre hemos guisado con cocina de carbón, somos de los pocos que seguimos con ella.

¿Y se nota mucha diferencia?
Es otra historia, no tiene nada que ver con el gas o la vitro, que es lo peor para la cocina. El carbón genera muchas calorías, y para hacer guisos, si le echas agua, no se te va para bajo porque mantiene la temperatura. El horno también es de carbón y la plancha; y aguanta 40 carnes y 40 más después sin problema; en cambio, una de gas te cocería la segunda tanda. Una cosa curiosa de la cocina de carbón es que sabemos 48 horas antes si el tiempo va a empeorar porque a la cocina le cuesta tirar más por la humedad.


La cocina de carbón es el signo distintivo de Hylogui

¿Cuáles son vuestras especialidades?
Los platos caseros, de cuchara, como la gallina en pepitoria. También la casquería. Son platos que no hay en el 90 por ciento de los restaurantes, que han caído un poco en el olvido porque somos snobs, y queda mejor decir que te has tomado un solomillo con esencia de rosa que un plato de patatas con morcillo. Lo único bueno de la crisis es que estamos recuperando esos platos, porque económicamente no se puede pedir solomillo todos los días.

¿Cómo trabajáis, qué productos usáis?
Productos naturales. Tenemos verduras de temporada y cuando usamos algo de bote, avisamos al cliente. El pescado lo compramos nosotros directamente en Mercamadrid los martes y jueves. Aunque te pegas un palizón, coges la mejor calidad. No es lo mismo una merluza de pincho que la de arrastre. La fruta nos la suministran a domicilio y los cochinillos, cabritos y corderos los traemos de Ávila. El resto de carne nos viene de COVAP, una cooperativa cordobesa. Buscamos la calidad ante todo.

Eso es lo que hace que sigáis abiertos después de tanto tiempo…
En efecto. Yo, cuando como fuera, noto muchísimo la diferencia. Si pido una menestra todo es congelado, porque es más sencillo. Soy un callista puro y duro, y los buenos callos están mejor 4 o 5 días después de guisarlos, porque así sueltan su gelatina. Los guisos están mejor 24 horas después. Y la paella, por ejemplo, tiene que ser reciente. Un problema es que hay clientes que tienen prisa, pero para comer bien hay que esperar, y si quieres comerte una paella aquí hay que aguardar 25 minutos. Se está perdiendo la cultura gastronómica; un japonés te pide callos y flipan, en cambio, el español pide ensaladas con frutas.


Los callos son una de las especialidades de Hylogui

O sea, aquí de cocina moderna, poco.
Yo tengo por norma que no serviría lo que no comería yo. No me veo comiendo sushi ni sirviendo espuma de tortilla de patatas. Aquí se hace la cocina con el aroma de mi abuela, una mujer de pueblo con 10 hijos que hacía las mejores natillas que haya probado. Fue ella la que enseñó a cocinar a mi tía y esta a mi prima. Usamos muchas de sus recetas. La cocina es algo que se tiene que hacer con cariño. No es lo mismo añadir sal que echarla. Para cocinar bien tiene que gustarte.

¿Cambiáis mucho la carta?
Sobre todo el los pescados y con algunas carnes, como el cabrito y el cordero, que están más sabrosas en primavera. Con las verduras y frutas menos porque ahora hay de todo. También traemos muchas cosas de la huerta que tienen los socios, ya jubilados, y que crían cosas excelentes, como tomates, judías o calabacines.

¿Seguirá siendo Hylogui familiar en un futuro? 
Ahora mismo atravesamos una situación económica y personal jodida. Por la crisis actual, la más larga que hemos vivido hasta ahora, tenemos miedo que se cumpla el dicho ese de “los abuelos fundan la empresa, los hijos la elevan  y los nietos la hunden”. Mi tío, que fue maître toda la vida, se lamenta a sus 82 años: “Con lo que esto ha sido, cómo lo habéis dejado”, dice. Le he visto echar lágrimas. Antes doblábamos turno. Pero vamos a seguir luchando.

Este lugar debe estar lleno de historias y ha dado de comer a muchos famosos.
Si tuviéramos fotos de todos ellos empapelaríamos el restaurante. En su día, cuando se abría a las 9 de la noche se llenaba, sobre todo de gente de la farándula. Era curioso porque siempre tenían la misma mesa, y si alguien faltaba preguntaban al camarero. Una anécdota que me gusta mucho es la de Lola Membrives, una famosa actriz argentina dueña de muchos teatros en su país. Se alojaba en el Palace y siempre venía a comer aquí. La servía en mesa Antonio, un camarero que estudiaba magisterio. ¿Pues sabes qué? Ella le pagó los últimos años de carrera. En una ocasión no pudo venir y pidió que ese chico le llevara la comida al Palace. Pero entonces estaba prohibido entrar comida y tuvo que volverse. La actriz reclamó que volviera y amennazó con irse del hotel.


Una de las cocineras remueve con cuchara de palo una enorme cazuela

También tendrás muchos políticos, por la cercanía al Congreso…
Antes de la crisis tenía más; también ellos sufren los recortes. Habré perdido unos 30 desde la anterior legislatura. Me han sorprendido muchos de ellos, como Julio Anguita, un hombre sensato y respetuoso, Jesús Caldera… El otro día vino Carme Chacón, que tan seria parece, y es una mujer muy agradable.

Tenéis web, pero ¿Cuándo vais a animaros a dar el salto a las redes sociales?
Somos tan tan tradicionales… Soy un analfabeto de Internet; me gusta pero no tengo tiempo. De hecho, el apoyo que recibo de 11870.com es la repera porque me viene mucha gente. Pero lo de las redes es la asignatura pendiente.

¿Qué te parece 11870.com y el hecho de que puedas opinar sobre las empresas que usas?
Es de gran ayuda porque lo de las opiniones es muy constructivo. Y eso que yo no tengo muchas porque me cuesta que mi clientela, algo mayor, opine. Pero es un concepto muy valioso porque cuatro ojos ven más que dos. Hago caso a las opiniones negativas bien razonadas. Pero aquellas en las que todo es negativo no, es imposible un cine por cien de fallos en una comida.

Respóndenos por último a un pequeño cuestionario:

Un restaurante que te guste: Suelo ir a los de amigos, como El Periquillo o Edelweiss.

Un rincón de Madrid: La Plaza Mayor es muy bonita.

Un plato que te gustara servir y no sirvas: Ya sirvo lo que me gusta.

Un viaje pendiente: ¡Uf, muchos! Quiero volver a Asturias con más tranquilidad.

El Jardín del Ángel

El Jardín del Ángel (Huertas 2,  913 69 79 32)

Hay personas que te contagian su estado de ánimo. Están los llamados vampiros emocionales, que te minan, y por el contrario, las personas que desprenden energía. Y luego está Pilar Vigara. Antigua productora de televisión, (fue la responsable de programas como Lluvia de Estrellas), decidió dejar la comodidad de su despacho (ya no era el mismo trabajo, explica) y dedicarse por entero al proyecto que la había atrapado meses atrás: la floristería más antigua de Madrid. Este “oasis en el centro” como le llaman los vecinos, ocupa el antiguo cementerio de cómicos de la aledaña iglesia de San Sebastián. Entre leyendas, flores y olores magníficos hemos hablado con la entusiasta Pilar de pasión, de flores, de niños y de magia…


Pilar, en el columpio de su “mágico olivo”

Estamos en la floristería más antigua de Madrid. Historia tendrá para rato…
Es un lugar muy especial, porque aquí estaba el antiguo cementerio de Cómicos de Madrid, que pertenecía a la iglesia de al lado. En su día había aquí dos cofradías: La de Nuestra Señora de la Novena, que agrupaba a los cómicos y actores, y la de Belén, que reunía a los arquitectos. Estos se fueron porque no querían ser enterrados junto a los primeros, que entonces eran considerados gente inferior.  Así que aquí se les enterraba. Se cree que aquí estuvo Lope de Vega, que murió miserable. Y en el siglo XIX se enterró aquí a La Divina, la amada de José Cadalso, quien la desenterró y fue encontrado abrazando su cadáver…

Pero poco más iba a durar el cementerio…
Esto, que fue todo un deshonor, provocó que se trasladaran los camposantos que pervivían dentro de la ciudad. Y en 1889 se arrendó a la familia Martín, que tenía un puesto en Atocha desde los años 40 del siglo XIX  a la puerta de esta iglesia. La familia lo traslada y poco a poco fue cambiando y haciéndose más grande. Este olivo tan conocido que tenemos en el patio lo plantó el padre de Antonio Martín II, a quien compré el negocio, y dicen que te resuelve las cuestiones de amor que le planteas….

¿Y como acaba una productora de televisión vendiendo flores?
Mi pareja buscaba un negocio. Y yo un día iba en la moto y ví esto y dije: “en una floristería me metería yo”. Siempre he tenido la mano verde; mi despacho estaba lleno de plantas, yo siempre llevaba una margarita en la oreja y revivía las plantas de mis compañeros. En 2009 me asocié con Lola, pero la cosa no iba bien y le compré su parte. Y desde enero de 2012 me dedico en cuerpo y alma a esto y a ser madre, porque Tego dos niñas.

¿Dejaste la tele?
Estuve 22 años trabajando en programas como Menudo Show o quién quiere ser millonario. Era un trabajo de alto nivel, con producción propia. Pero en los últimos años la cosa ha cambiado: ya no hay ese trabajo, se funciona con productoras y yo lo que hacía era recoger cintas.

¿Y no has echado de menos ese trajín televisivo?
Al principio me sentía rara, pero pasado el luto, como al mes, empecé a producir para mí misma. Voy a las ferias a buscar lo mejor, los mejores muebles y flores. La clave de este negocio es comprar calidad a buen precio, porque este espacio mío necesita muchas cosas. Aprendo continuamente. Por ejemplo, estuve en la feria de París y me pareció espectacular, están a años luz. Aquí no tenemos tanta cultura de flores: cuando vamos a casa de alguien a cenar, lo que llevamos es una botella de vino.


Pilar, en la entrada de la preciosa floristería

Quizá porque tenemos verde de forma natural…
Yo quiero que la gente se acostumbre a comprarlas. ¿Sabes que la mejor flor cortada está en Chipiona? Pues el mercado está así: Chipiona vende a Holanda y Holanda a Madrid. Yo puedo comprar a Chipiona directamente y abarato.

Lo que está claro es que esto es más que una floristería…
Yo quería que fuera algo más. Por ejemplo, los viernes hago yoga, es impresionante verlo. También organizo Cuentacuentos para los peques, que tienen pocos espacios para ellos en el barrio. Para que tengan la naturaleza cerca. Actuaciones de flamenco, lecturas de libros, algunos eventos…  ¡Yo hago flores-fusión!

Y no solo vendes plantas, sino muebles y objetos de decoración…
Intento comprar cosas que me gustan a mí porque las vendo mejor, porque me entusiasmo.Me dicen que si pusiera esto en plan “garden”, como un vivero, vendería más. ¡Pero no quiero! Quiero vender más, sino mejor. Quiero que esto sea el Jardín del Ángel, el oasis del centro, que la gente venga y disfrute aunque no compre.

Nos cuentas que dentro de nada te hacen local centenario.
Lo moví para que así fuera. Era algo que el anterior dueño intentó. Yo hablé con los curas y encontramos el primer contrato; era para verlo, con 5 pesetas, que sería un dinero entonces, y unas letras así antiguas… El antiguo dueño, Antonio, que tiene ochenta y tantos años, no se muere hasta ver la placa puesta. Tiene toda la historia del negocio en fotos y algún día haré un libro.

Y hablando de flores y plantas, ¿Hay moda o va por estaciones?
Hombre, ahora está la moda de las culinarias, pero la época influye mucho, lo que pasa es que como ahora hay de todo puedes controlar el mercado. De flores siempre es un ¡, 2, 3”: rosas, lilium asiático o nacional y margaritas, aunque siempre puedes embellecer con cositas nuevas. Yo estoy intentando que la gente compre claveles, que hay colores preciosos y parece que la gente lo tiene asociado solo a la Iglesia.


Interior de la floristería

¿Qué es de lo que más orgullosa te sientes?
Del equipo que tengo, que le encanta su trabajo y están cómodos, y del agradecimiento del barrio. Me encanta que las señoras vengan y digan lo bonito que está esto.

Y tienes un visitante especial…
Es curioso, aquí tenemos espíritus burlones, yo creo que queda algún hueso del cementerio. Nos pasa mucho que si dejamos un papel desaparece y luego lo encuentras en el mismo sitio. Yo creo que es Lope de Vega, que ya está jugando. Creo que hay energías que se mueven, que se sienten, y yo intento generar un clima agradable y tranquilo.

¿Y la crisis, Pilar, cómo se lleva?
Pues se ha notado, sobre todo en mayo. Pero creo que la gente ya está más relajada. Ahora lo que compran es planta pequeña, quieren cosas baratas. Hay que seguir teniendo esperanza y luchar.

¿Y qué tipo de gente viene?
Sobre todo del barrio. Pero en fin de semana pasa mucha gente de fuera y vuelven a comprarte algo que han visto. También me compran mucho los turistas; se llevan semillas. Ahora está de moda el pimiento de Padrón

¿Y algún famoso?
Claro… a Jaime Cantizano le hicimos la terraza. También compra mucho Ana de Armas, que vive cerca. Ha venido Paz Padilla, el nuevo presidente, Ignacio González…

Tienes web y Facebook…eres conscientes de su importancia.
Es que tienes que estar metido ahí, tienen mucho poder. En comunicación hay que apostar por el futuro. Cada vez es más importante, porque la gente está más sola, sale menos, y se comunican por Internet. Siempre me gustaron las redes, pero para el comercio es que son una manera inmediata de comunicar.


¿Conocías 11870.com? ¿Qué te parecen este tipo de páginas?
No lo conocía, pero por Facebook si que a veces me dejan malas opiniones, y me lo tomo de manera constructiva. Me parece bien que exista una página como la vuestra; que hablen de mi bien o mal, ¡Pero que hablen!

Respóndenos, por último, a un pequeño cuestionario

Un restaurante que te guste: Voy mucho a Viñapé, que es todo un clásico, porque a mi me gusta comer mucho y bien. Tienen un plato de tomate, cebolla y berberechos que está…

Una flor o planta que quisieras vender: Vendo todo lo que me gusta

Un rincón de Madrid: el atardecer desde la Plaza de Oriente.

Un viaje pendiente: A Nueva York, donde viven mis dos mejores amigas.


El jardín siempre atrae a curiosos y turistas que buscan una foto

Mercería Casa Oliveras

Mercería Casa Oliveras (Bisbe Laguarda 16, 934 42 23 62)

En la mercería de Carles Oliveras no para de entrar gente durante toda la mañana. Una señora que viene a comprar una goma para arreglar los pantalones de sus nietos, un chico que entra a recoger un arreglo de ropa, un vecino que pasa cada día a por el periódico gratuito que le guarda el dependiente. Muchos de ellos se conocen de hace muchos años y todos conocen a Carles, que lleva detrás del mostrador casi toda su vida, primero como hijo del dueño y después como responsable.

La mercería Casa Oliveras es uno de esos negocios de los que casi ya no quedan. Pocos de los clientes que entran van con las prisas habituales de la modernidad y casi todos se quedan un ratito hablando con Carles de las cosas del barrio, de la vida. Y él, como buen dependiente, sabe del género que vende y siempre puede dar algún buen consejo al cliente despistado o equivocado. Noviembre será su último mes detrás del mostrador, pero sus clientes sonríen aliviados al saber que la mercería seguirá abierta, aunque sea en otras manos.


Carles Oliveras, tras su mostrador

¿En qué año comenzó el negocio?
Pues mira, calcula que hará unos 60 años. Yo estoy a punto de jubilarme y mi padre lo abrió cuando yo era pequeño.

¿Y cuál es la historia?
Mi padre lo llevaba y lo ayudaba un primo suyo. Porque antes teníamos muchos clientes que eran sastrerías, modistas, etcétera y mi padre iba una vez a la semana pues, por ejemplo, a la carretera de Sants, que había muchas sastrerías, a llevarles el material. En vez de venir a buscarlo aquí, pues mi padre tomaba las notas de lo que necesitaban y mi padre lo llevaba. Cuando se hizo mayor, se fue quedando en la tienda y estos recados los hacía yo.

Usted está a punto de jubilarse…
Sí, yo me jubilo en noviembre pero hay un matrimonio joven que va a continuar con la tienda.


Botones de recambio

¿Cómo ha cambiado el negocio?
Antes, como comentaba al principio, se vendía mucho a sastrerías, a tiendas, a modistas. Ahora casi todas las casas son confeccionistas, pero antes era diferente. Ahora ya casi no hay sastrerías, porque la gente tampoco se viste con trajes a medida y había muchas modistas, pero hay muchas menos y las más jóvenes deben de tener como 60 años. Ahora parece que hay chicas jóvenes que cosen, pero quizás más bien hacen diseño y hacen alguna prenda, pero no cosen como las modistas de antes.

Y entonces ¿El tipo de cliente que tiene?
Ha cambiado. Ahora se sigue vendiendo, claro, si no no habría podido seguir el negocio, pero es diferente. Viene la señora que ha engordado y quiere una cinta para ensanchar la blusa… también se venden muchas lanas, cosas para arreglos.

Quizás ahora con la crisis hayan aumentado los arreglos. En vez de comprar cosas nuevas, la gente las arregla…
Bueno, sí que se arreglan las cosas. Aunque en realidad, las que cosen son las abuelitas, que son las que cosen las cosas para los hijos y los nietos. La gente joven lo hace mucho menos. Como decía una de mis clientas, que había sido una modista de renombre y ahora ya es mayor: “Sigo cosiendo pero ahora no cobro por ello”.


Un rincón de la mercería

¿Y la crisis le ha afectado a su negocio especialmente?
Sí, sí, por supuesto, claro que ha afectado. Y este barrio además ha ido perdiendo un poco la categoría que tenía, la gente se ha ido haciendo vieja…

De todo este tiempo ¿Qué es lo que más le ha gustado de su trabajo?
Uy, pues no sé. Mira, yo siempre intento despachar a la gente como me gustaría que me atendiesen a mi. Y como les conozco, si me parece que una cosa no le va bien, pues porque yo no la tengo o lo que sea, pues les mando a otro sitio que se que venden lo que necesitan. Yo estoy satisfecho con lo que hago y duermo tranquilo.

Un breve cuestionario:

A qué piensa dedicar la jubilación: Yo tengo una casa fuera y a mi siempre me ha gustado plantar una tomatera, arreglar cosas de la tierra… y ahora si puedo intentaré ir haciendo mi hobby.

Un restaurante que le guste de Barcelona: Por ejemplo, comía en L’Hortet o en La Habana.

Un viaje que le gustaría hacer: Me gustaría viajar, pero tendría que ser millonario para que me llevasen las maletas y los asuntos y solo tuviese que ir al sitio y no preocuparme de aviones ni coches ni nada.


La entrada al local, un clásico

Casa Pajuelo

Casa Pajuelo (Atocha 95, 914 29 06 51)

Es cruzar el umbral de esta tienda y no poder evitar viajar en el tiempo, muy lejos, hasta los colmados de pueblo o del Madrid de la posguerra; entrar en Casa Pajuelo es como asomarse a una novela de Cela o de Juan Varela. Huele muy dulce, mezcla de especias, tisanas. Y de miel, cómo no, porque este es el producto que más fama ha dado a esta “tienda-tertulia”, como le gusta llamarla a Pedro Pajuelo, su dueño, un tendero que además de biólogo y apicultor es una fuente inagotable para conocer el Madrid de otros tiempos. Con él hemos hablado de la miel, de las vueltas que da la vida y de cómo los comercios de toda la vida están muriendo arrollados por esta vida nuestra, tan loca.


Pedro Pajuelo, en el antiguo mostrador

Pedro, cuéntanos cómo Pedro, tu padre, funda este negocio en la capital…
Mi padre pasó la guerra en Madrid y alquiló este local porque quería montar un negocio. Se fijó en lo que había en esta ciudad. Él venía de una familia de Campanario (Extremadura) que ya se dedicaba al comercio de especias y pimentón, así como de productos para la matanza. Y Casa Pajuelo empezó siendo un almacén de tripas. Pero los clientes, al comprar las tripas, también pedían especias. Así que trajo especias. Y con el tiempo, vino la miel.

Casi de casualidad…
Mi abuela, en el pueblo, ya comerciaba con miel. De hecho era conocida como “Inés la de la miel” (ya sabes que en los pueblos te sacan apodo enseguida). Mi padre trajo una vasija y se la ofreció a un vecino que tenía una tienda de ultramarinos, pero no lo quiso. Así que lo vendió en la tienda. Y fue funcionando hasta ser lo más vendido en la tienda, que de hecho se conoce como la casa de la miel.  Ahora es como un bazar.

Con un gran espíritu de colmado de pueblo…
Sí, tiene ese aire. Lo de las legumbres, por ejemplo, es algo reciente, que he incorporado hace poco, tras conocer a un buen proveedor en una feria gourmet. Al final he acabado vendiendo garbanzos igual que mi abuela.

Pedro, cuéntanos como llegas a tomar el control del negocio, porque eres biólogo y apicultor…
Como todos los que venimos del negocio familiar, nuestro padre era además nuestro patrón. Uno quiere avanzar y seguir estudiando, aunque yo durante las mañanas venía aquí a trabajar y estudiaba por las tardes. Estuve muchos años trabajando de lo mío, en temas de enseñanza, apicultura y monitoraje. Pero en los ochenta también había crisis y de una forma un poco extraña cortaron los programas. Me quedé sin trabajo mientras que aquí, el encargado, Antonio, que rea primo de mi padre, se acercaba a la jubilación. Entré en 1996 cuando este se retiró, y mi padre murió poco después. Ahora somos una empresa familar, pues tengo otros tres hermanos.


Pedro posa en la fachada de su tienda

¿Y qué tal el balance de estos años?
Bien, porque mi formación y los años que he estado fuera me han servido: no es lo mismo estar en un mostrador habiendo salido fuera. Además yo soy apicultor y he dado cursos, y es una ventaja para ampliar el negocio en la medida de lo posible. Yo quería salir del mundo de la empresa y trabajar de lo mío, pero mira, al final, el destino ha hecho que acabe hasta el cuello.

Pero a gusto en tu tienda tertulia…
Así la llamo yo. Es una tienda antigua de verdad, no envejecida como los pubs de ahora. La estructura apenas ha variado. Lo que queremos en mantener el hilo entre abuelos, hijos y nietos. Y es algo que se agradece.

¿Y cómo lleváis la crisis?
Los negocios pequeños siempre hemos estado en crisis; nos enfrentamos a las grandes superficies, nos adaptamos a las nuevas normas…Esta es una crisis más, aunque es fuerte, porque afecta a todo el mundo. Como somos una tienda especializada lo que hacemos es mantener la calidad y los precios. Hay que luchar como gato panza arriba.

¿Y ya piensas en la continuidad familiar?
No sé si los de mi generación nos jubilaremos (ríe). Sobre la continuidad no hago planes. No tengo hijos, así que no lo sé, habrá que ver cómo vienen las cosas.

Háblanos de la miel , el producto estrella de tu tienda.
Nos centramos, sobre todo, en vender miel envasada, casi toda de España. Tenemos veinte tipos de todas partes del país. Vendemos también a granel pero es algo obsoleto, un poco de tradición.


Gregorio, el encargado, dispensa miel a granel para un cliente

Y los precios son razonables…
No son caros, y es miel de primera calidad garantizada. No queremos hacernos ricos en dos días.

Pero tenéis otros muchísimos productos: licores de miel, cosmética…
Empezamos con triplas y cuando ya no se hacían matanzas empezamos a meter otros productos. Tenemos como tres grandes líneas, actualmente: matanza, miel y derivados y alimentación natural.

En tu tienda hay bonitos objetos de otras similares que no han resistido. Por qué seguís aquí 66 años después?
Cada negocio es una película con su propia historia. En Atocha, en los últimos tres años, han cerrado diez locales de este estilo. A veces por desavenencias; otras porque te ofrecen alquileres… Nosotros no tenemos nada especial, simplemente hemos mantenido nuestra línea y alguna vez hemos estado a punto de cerrar.

¿Qué tipo de clientes vienen a Casa Pajuelo?
De todo lo que te puedas imaginar; desde indigentes hasta la persona más pija. Aquí siempre se ha abierto las puertas a todo el mundo.

¿Y famosos?
Vienen muchos actores, por la zona en la que estamos, aunque como yo estoy un poco “out” no reconozco a muchos. Aquí venía mucho Lucía Bosé con Dominguín, Paca Gabaldón, Manuel Galiana, Máximo Valverde e incluso, cuando era yo pequeño, Domingo Perón.

Tenéis web desde hace dos años…
Y ya estamos preparando otra. Yo era reacio, pero un amigo me insistía en que si no estás en Internet no existes. Y lo cierto es que funciona fenomenal. Cualquier publicidad lo hace. Lo quepasa es que yo era muy reacio a la informática, pero hay que renovarse o morir.

¿Y para cuándo te animas con las redes sociales?
Primero deja que terminemos la web y controle el ordenador y los correos y luego nos meteremos con eso.

¿Qué te parecen las webs como 11870.com, el hecho de que la gente opine de los negocios?
Todo lo que sea participación de la gente está bien. Es como el boca a boca de antes, solo que yo soy más de hablar tomando unas cañas. Ya desde mis tiempos de trabajar en un organismo del Ayuntamiento me di cuenta de que los ordenadores eran el futuro. También he tenido suerte porque me he relacionado con personas que hablaban de Internet cuando aún no había.

Respóndenos, por último, a un pequeño cuestionario:

Un bar o restaurante que te guste: La Pitarra y A Cañada.

Un rincón de Madrid: No me canso del Madrid de los Austrias

Algo que te gustaría vender: esencias florales

Un viaje pendiente: Muchos. Con el de Australia me conformaría.

Todavía venden tripas para hacer chorizos y matanza en casa

Casa Gispert

Casa Gispert (Carrer dels Sombrerers 25, 933 19 75 35)

Traspasar las puertas de este negocio centenario es toda una experiencia para los sentidos, especialmente para el olfato: el aroma de Gispert evoca a otras épocas en las que los manjares venían en barco desde muy lejos (“de la Habana viene un barco cargado de…”) y los frutos secos se compraban al peso en el mismo lugar en el que se tostaban.

Este negocio, uno de los más antiguos de la ciudad, permanece impasible al paso del tiempo en una de las calles laterales a la iglesia de Santa María del Mar, en lo que antaño fue el barrio del puerto y ahora es una pasarela de turistas con cámaras de fotos y locales que relatan cómo ha cambiado la zona. Unos y otros acaban pasando por Gispert en busca de los frutos tostados por Marc Martínez, tostador y actual encargado del negocio, con quien hemos hablado de su historia y muchas más cosas.


Marc Martínez, con sus almendras tostadas

Explícanos cuál es la historia del negocio

Yo soy el tostador y el encargado de la tienda. Los actuales dueños descubrieron Gispert cuando se iba a cerrar, hace 20 años y aunque ahora no trabajan físicamente en la tienda, cultivan las avellanas ecológicas que vendemos e intentan conservar la tradición. La empresa Gispert fecha de 1851. Tiene 160 años y si no nos equivocamos ahora mismo somos la segunda tienda más antigua de la ciudad, después de la bombonería Fargas. Para que la gente se pueda hacer a la idea, hace 160 años había cowboys en América y samuráis en Japón, es decir, es muy antigua.

¿Qué tipo de productos comercializáis?

Esto es lo que la gente llamaba antes una casa de productos coloniales, todo lo que venía de las colonias a través del puerto de Barcelona, que antes estaba más cerca de lo que está ahora ya que la Barceloneta es un barrio construido después. Descargaba mercancías como el café, cacaos, frutos secos, especias como las vainillas… Gispert era muy famoso por tostar frutos secos y café.


El horno tostador

Hoy en día nosotros mantenemos la filosofía de toda la vida de Gispert, es decir, la venta de productos coloniales y vendemos otras cosas más seleccionadas como mermeladas, vinos o aceites de oliva, pero la base continúa siendo la misma. Lo único que ya no hacemos es tostar café dentro de la tienda, nos especializamos en tostar el fruto seco.

¿Y se mantiene un tipo de negocio así?
Sí, bueno, cuesta mucho. Hay mucha gente que ahora con la crisis dice: “Ay, es que este año…” y para el pequeño empresario siempre es así, estamos acostumbrados a esto. Pero bueno, el negocio no vive sólo de la tienda sino que Gispert también exporta y distribuye al extranjero. Y eso ayuda un poco a hacer balanza.

¿Qué tipo de clientes tenéis?
Tenemos muchos turistas y de todos tipos, porque hay gente que entra preguntando que qué vendemos aquí y no tienen ni idea y otros que vienen ya informados porque lo han leído en alguna guía o en algún blog y viene aquí específicamente. Y también gente local, que esos sí que saben lo que vienen a buscar.

Y el futuro del negocio ¿Por dónde pasa?
Pues creo que la tienda seguirá, aunque eso va en función de los clientes: si siguen viniendo, seguiremos aquí. Lo que no vamos a hacer es cambiar la filosofía de la empresa, seguiremos fieles.

El barrio ha evolucionado mucho en todos estos años, claro ¿Qué cambios os han beneficiado?
La gente no tiene tanto miedo a bajar a este barrio. Cuando yo empecé (hace unos 11 años) aún tenía fama de peligroso, pero ahora parece que ya se ha conseguido quitar ese estigma. Sigue siendo muy interesante, sobre todo gastronómicamente, aunque ha perdido un poco de autenticidad. A nivel de negocio hemos visto cambios de horarios y cuesta más fidelizar.


El interior de la tienda

¿Alguna anécdota en tantos años de negocio?
Sí, algún famoso ha pasado por aquí. Y yo tengo una anécdota personal que me gusta mucho. Una vez que el metro iba muy lleno tenía un señor ciego delante de mí y me reconoció por el olor de mi ropa, que se queda impregnada del humo de tostar las almendras.

¿Habéis confiado en Internet para expandir vuestro negocio?
Tenemos un Facebook y una página web en la que estamos trabajando.

Ahora contéstanos a un breve cuestionario:

Sitio preferido de Barcelona: el barrio de Gracia.
Un restaurante que siempre recomiendes: Cal Pep.
Si no te hubieses dedicado a esto, hubieses sido: soy biólogo, pero como en este país no se invierte en investigación, me cambié.

El Rey de la Magia

El Rey de la Magia (Carrer de la Princesa 11, 933 19 39 20)

Si caminas por la calle Princesa es casi imposible que no te fijes en la fachada de esta tienda centenaria dedicada a la magia. Su escaparate ejerce una especie de atracción hacia el observador y en la puerta solo falta un cartel que ponga “traspásame”. El Rey de la Magia es uno de esos tesoros extraños que guarda la ciudad y que merece la pena visitar aunque solo sea para descubrir qué trucos guarda en su interior. Su actual propietaria, Rosa María Llop, nos ha contado su historia, interesante como pocas.


Rosa M. Llop, detrás del centenario mostrador

¿Cuál es la historia de la tienda?
Mi marido y yo cogimos esta tienda hace unos 30 años, en el 84. Porque era un referente en el mundo de la magia y no queríamos que se perdiera, así que quisimos continuar el proyecto y de paso, actualizarla un poco.

¿Y antes? ¿Cuál fue su inicio?
Existe desde 1881, es una tienda muy histórica. Su fundador fue un mago nacido en esta misma calle Princesa, llamado Joaquim Partagàs. Fue un mago muy conocido de la época y el hecho de montar esta tienda, cuando en aquella época no había ninguna en el territorio español (la más cercana era en París) pues hizo evolucionar mucho la magia. Primero anivel local y luego en todo el país, y más tarde en Sudamérica, ya que él había estado 10 años viviendo en Argentina y haciendo giras por allí y tenía muchos contactos. Fue una época de expansión de la magia. Después le sucedió Carles Bucheli, que era un cliente suyo que tampoco quería que la tienda desapareciera. La cogió en el año 32, le tocó toda esa época convulsa y la vuelta a florecer de los espectáculos de magia.

¿Vosotros os dedicábais a la magia antes de coger la tienda?
Sí. Si no te dedicas a ello no tiene mucho sentido tener la tienda porque no sabrías por dónde ir.


La pared de los magos

¿Qué productos se venden exactamente en una tienda de magia?
Nosotros tenemos un catálogo clásico que procuramos mantener porque es fascinante y además nunca pasa de moda, ya que es un poco la base: está no está, la transformación del color… hay una serie de juegos que sirven para la gente que se está iniciando, para aprender, que son de factura artesanal… y luego pues hay de todo, incluso cosas que se hacen por encargo. Nuestra línea siempre ha sido llevar la magia al teatro, así que también hay mucho contenido de escenografía, de adaptarlo a un espacio.También tenemos un teatro propio y estamos intentando potenciar ese espacio y volver a la producción de espectáculos.

También dais cursos de magia ¿no?
Sí. El primer curso lo dimos a principios de los años 90 y los dábamos en la propia tienda, después de cerrar la persiana. Apartábamos el mostrador, poníamos la mesa y teníamos unos ocho alumnos como máximo. Después cogimos un local, lo convertimos en una asociación cultural y de ahí llegó el teatro…

¿Qué tipo de clientes tenéis?
Pues además de los habituales, tenemos turistas casuales y no tan casuales, porque la magia, como afición, está muy extendida por todo el mundo. Es una cosa que forma parte del secreto profesional y la gente no lo va contando por ahí, se mantiene mucho entre la familia y amigos, pero hay aficionados en todo el mundo. Y muchos pasan por aquí.

¿Todo el mundo puede ser mago o maga?
Sí, lo que pasa que interviene mucho el tiempo que le dediques y el nivel que quieras alcanzar. Es como la gente que tiene un piano en casa y se dedica a la música…


Detalle del interior de “El Rey de la Magia”

¿Cómo llevais la crisis?
Bueno, la notamos mucho, como todo el mundo. Hemos pasado otras crisis, incluso peores y el negocio ha superado hasta guerras, así que se va manteniendo. También influye que el espíritu que mantiene esto no es el económico, así que eso es lo que hace que supere cualquier cosa.

¿Cómo veis el futuro de la tienda? ¿Se mantendrá?
Sí, por supuesto. Todos los propietarios anteriores pensaban que cuando ellos murieran a tienda se iría al carajo y en sus biografías vemos que al final de su vida dejan de encargar cosas y no se lo pasan a otra persona. Pero bueno, nosotros no queremos que ocurra y ya somos de otra generación, pues por eso hemos montado el teatro, etc.

¿Tienen página web, están en las redes sociales?
Sí, tenemos página web y página de Facebook.

Un breve cuestionario:

Tu truco de magia preferido: es difícil escoger, pero el número uno del catálogo clásico de “El Rey de la Magia” cuando lo hago me satisface porque siempre sorprende. Es el truco del dado mágico.

Sitio preferido de Barcelona: El Rey de la Magia, porque aquí juntamos la afición y con todo un conjunto de cosas por las que nos mudamos a Barcelona, porque antes vivíamos en una masía cerca de Vic.

¿Te imaginas dedicándote a otra cosa? En realidad, no. Las cosas pendientes que me he ido dejando en realidad tienen que ver con la magia.


Un mostrador lleno de sorpresas

La Violeta

La Violeta (Plaza de Canalejas 6, 915 22 55 22)

Quién no ha pasado alguna vez por la bulliciosa plaza de Canalejas y no se ha parado un momentito a admirar el escaparate de esta confitería con nombre de flor: troncos de chocolate, bombones, gominolas y sí, por supuesto, caramelos de violeta y violetas escarchadas en cajas de cartón, en latitas o cerámicas exquisitamente decoradas con esta flor típicamente matritense. La tercera Gil al cargo del negocio, María, nos ha recibido para contarnos la historia de este negocio tan conocido. Eso sí, sin posar, que es muy tímida.


María y su dependienta atienden a unas clientas

Cuéntanos, María, cómo nace este negocio hace ya 97 años.
Lo fundó mi abuelo Mariano Gil, que procedía de una familia de pasteleros. Era un hombre muy emprendedor, con muchos amigos pilotos, que podía viajar por sitios como Viena, lo que entonces no era muy frecuente, y coger ideas de los sitios a los que iba. Decidió abrir la confitería y empezó con los chocolaes y más tarde con las violetas. Y aquí seguimos.

Ya eres la tercera generación de La Violeta. ¿Es algo vocacional?
Hombre, yo tengo mi carrera (hice Empresariales) y mis estudios pero, llegado el momento, tuvo que entrar una nueva generación, probé y aquí llevo veinte años. El balance es positivo.

¿Qué tiene este negocio para seguir en pie tantos años y con tantos clientes?
Está muy céntrico, lleva muchos años y ha sabido hacer que su producto sea típico. Si lo piensas, en Madrid no hay otros dulces típicos. ¿Y platos? El cocido.

¿Y por qué eligió tu abuelo la violeta, y no el tulipán, por ejemplo?
Es una flor muy típica de Madrid, que se da mucho en la sierra en Madrid.

Se dice que el rey Alfonso XIII compraba aquí las violetas escarchadas para su esposa, Victoria Eugenia, y para su amante, Carmen Ruiz Moragas…
Sí, es verdad, las compraba aquí. Pero también hemos tenido clientes muy ilustres como Jacinto Benavente, que venía a diario. También acuden muchos políticos, porque están las Cortes al lado, muchos actores nacionales e internacionales, y muchos escritores.

Y además de los famosos, ¿Qué tipo de gente viene?
Pues tenemos tres tipos: el de toda la vida, que vienen abuelos, hijos y nietos; el del barrio y muchos extranjeros y turistas, por la zona en la que estamos.

¿Fabricáis vosotros vuestros productos?
Sí, tenemos una pequeña fábrica en Madrid donde hacemos todo de forma artesanal. En la época de más trabajo, como Navidad, para los bombones y otros productos nos servimos de otros maestros chocolateros.

¿Y cuál es vuestro producto más popular?
Los caramelos de violeta y las violetas escarchadas; el caramelo se vende mejor porque es más barato, aunque vendemos en pequeños formatos y puedes probarlo todo.

¿De qué precios hablamos?
El kilo de caramelos cuesta 15 euros y la flor escarchada, 120 euros. Pero hay cajitas desde 3 euros.

Y la crisis, ¿Se nota mucho?
Sí se nota, como todos. Lo que hacemos es mantener precios y calidad y aguantar.


La violeta es la protagonista absoluta de la tienda

Por curiosidad…¿Cómo conseguís las violetas?
En un invernadero.

¿Y son lo suficientemente sabrosas?
Los caramelos llevan esencia incorporada, pero sí; ya solo con la cocción, las flores sueltan mucho olor.

María, hay otros caramelos de violeta pero…¿este es el mejor?
La diferencia se nota mucho a otros que venden por ahí. ¡Es que nosotros tenemos la fórmula de la Coca-Cola!

Algo muy característico, que siempre habéis hecho, es vender los caramelos en bonitas cerámicas y cajas….
Tenemos nuestros dibujos propios y fábricas que nos las hacen. Los cambios que se han introducido a lo largo de los años han sido mínimos. Por ejemplo, las cajitas de papel son las misma que empezó a usar mi abuelo.

Además de caramelos y bombones, vemos que tienes productos tan curiosos como la mostaza de violeta, vinagre, té, miel o la esencia…
Esto lo introduje yo hace unos cinco años para abrir un poco de mercado. Son cosas difíciles de encontrar, que traigo de Francia, ya que en Toulousse hay mucha tradición de violetas.

También tenéis web con tienda online, pese a ser un negocio muy tradicional…
Sí, pero la lleva mi prima, así que no sé decirte cómo la lleva. Los caramelos son los mismos pero hay diferencias en las porcelanas, por ejemplo.

Y con las redes sociales, ¿No te animas?
Para todo eso hay que estar pendiente y no tengo tiempo. Me parece bien porque te dan caché y abren mercado, pero debes estar pendiente.

Conoces 11870.com. ¿Qué te parece que la gente pueda opinar sobre los servicios que recibe? ¿Estás pendiente de las opiniones que vierten sobre La Violeta?
Me parece bien, aunque hay opiniones de todo tipo. Es lo que hay. Ya opto por no mirarlas porque el trabajo se hace día a día.


Los bombones son otra de sus especialidades

Respóndenos, por último, a un pequeño cuestionario:

Un restaurante que te guste: La Quinta.

Un dulce que te gustase vender: Buñuelos de viento.

Una flor para confitar que no fuera la violeta: El jazmín.

Un viaje pendiente: ¡Al fin del mundo!