Isabela, el nuevo mercado gourmet, abre por fin sus puertas

Primero fue San Miguel, luego San Antón y ahora le toca el turno a Isabela, que por fin abre sus puertas en el Paseo de La Habana. A diferencia de sus hermanos mayores, el nuevo espacio está prácticamente dedicado por entero a la degustación in situ de productos gourmet. Tiene 3000 metros cuadrados y 4 plantas con 38 puestos. De momento solo están abiertas las dos dedicadas al tapeo. La subterránea, donde hay un cóctel bar y un cine; y la de arriba, que aloja al restaurante de Joaquín de Felipe, chef del Urban, abrirán próximamente.

empanada, Ribeiro y buena cocina

Restaurante A Pouta D’Ouro (Linneo 18, 913 65 86 12)
“Pedimos entrecot y yo nunca había probado uno tan grande y jugoso en Madrid…”

La Nueva Galicia (Cruz 6, 915 22 52 89)
“Un sitio al que ir hoy, mañana y así todo el rato…”

Mesón La Coruña (Ronda de Valencia 6, 915 39 22 40)
“Tienen tostas entre 4 y 4.30 euros, raciones contundentes y vaya empanada…”

A Miña Gaita (Navas de Tolosa 3)
“Gallego salido de los años 60. Pedimos albariño, bastante rico, y unas tapas bien buenas, como gambas…”

Melo’s (Ave María 44, 915 27 50 54)
“Mis recomendaciones son la zapatilla, las croquetas, las empanadillas y el queso de tetilla…”


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Herbolario La Fuente

Herbolario La Fuente (Pelayo 70, 913 08 13 98)

Sorprende encontrar a alguien tan joven en un negocio que le triplica, de largo, la edad. Pero es un buen signo porque garantiza la continuidad de este herbolario, el más antiguo de Madrid. Aunque lo fundó la familia La Fuente, de la que su madre era amiga, Rocío Nieto Benito lo siente como algo propio. Y es que lleva entre tilo, rosa mosqueta, espliego y cientos de hierbas desde que era niña. Enseña los recortes antiguos con orgullo mientras ríe y se mueve en su tienda perfumada.

Rocío Nieto, en su mostrador

Cuéntanos la historia del herbolario y como llega a tus manos, Rocío.
Don Andrés de la Fuente, el fundador, vino de Burgos a Madrid a hacer la mili. Entonces se quedó y abrió el herbolario en la calle Santa Engracia en 1856. Luego, tras unos 20 años, bajó aquí, al actual local. Luego lo siguió su hijo Carlos, que fue quien lo levantó, y después se quedaron sus hijos Arturo y Enrique de la Fuente, solteros y sin descendencia. A continuación pasó a mi madre, Carmen Benito, en torno a 1985, pues ya eran señores mayores, de unos 80 años. Así que nos quedamos mi madre y nosotras, que éramos tres hermanas y la ayudábamos mientras estudiábamos. Ahora estoy solo yo.

¿Pero cómo es que deciden traspasar el negocio a tu madre? ¿Era empleada?
No, era una amiga de la familia con afición a las plantas y a las setas, y como ellos lo llevaban solos, al jubilarse le propusieron que se quedara con el negocio, antes de que se lo traspasaran una cadena o casa comercial, para seguir con la tradición del comercio.

Este era un punto de reunión de intelectuales como Largo Caballero, Pablo Iglesias… ¿Por qué?
La casa del Pueblo estaba cerca, y los dueños, que se movían en ese ámbito, organizaban muchas tertulias. En el banco en que te sientas se sentaba Alfonso XIII. Estaba en la calle, él dejaba los caballos aparcados en la reja e iba al dentista, que entonces estaba en el palacio de Longoria. Las malas lenguas dicen que venía a ver a su amante. Y el rey se detenía a hablar. Toda la vida llevamos oyendo que el rey decía: “Buenos días, venimos a oler las flores de España”. Pero me da a mí que es un poco leyenda urbana. Pero él venía.

Da la sensación de que la herboristería es algo nuevo, pero realmente es un negocio muy antiguo…
Toda la farmacia está basada en las plantas, en la llamada fitoterapia. Antes la gente recogía las plantas en los campos, y luego empezaron a emplearlas para fabricar sus medicaciones los boticarios, que eran entendidos en plantas. Luego vino la sintetización química, pero la base es esta.

Rocío, en la entrada de su tienda, antaño decorada por José Bardasano

Y vosotros os dedicáis casi en exclusiva a ellas
Nosotros tenemos algún producto que hay que tener, como extractos o tinturas, pero sobre todo vendemos platas y especias, lejos de lo que hay en otras herboristerías, donde todo es encapsulado o en jarabe. Aquí tenemos la planta para hacer tus cataplasmas e infusiones. Todo igual, pero hay que elaborarlo uno mismo.

¿Qué tipo de formación debe tener alguien que, como tú, esté detrás de un mostrador de una herboristería?
En este momento creo que no se exige ninguna. Tienes que tener unos conocimientos previos; en mi caso, yo llevo desde pequeña cogiendo plantas. Aparte soy nutricionista y licenciada en psicología. Mis hermanos son bromatólogos, hay un químico… entre todos lo llevamos al principio y hemos aportado toda nuestra sabiduría. También hemos hecho cursos de reciclaje.

¿Crees que la medicina tradicional empieza a ver con mejores ojos las virtudes de las plantas?
Yo tengo dos teorías: si los médicos de la Seguridad Social supieran todo lo que se ahorran… pues hay un porcentaje de personas muy grande que usa medicina natural, ya no solo plantas. Y eso no lo costea la Seguridad Social, y es un valor añadido por ahorro. Por otra parte, esto es medicina preventiva, el usuario es quien se encarga, por ejemplo, de tomarse una manzanilla porque sabe que la comida puede sentarle mal y digerir mejor, y ahí dejas de tomar otro tipo de medicamentos. Y los médicos lo saben y cada vez recetan más plantas. Yo por ejemplo estoy vendiendo muchísimo eucaliptus para los síntomas de la gripe en los últimos dos o tres años. Lo receta el médico del ambulatorio de aquí detrás, y no lo conozco, ni me pertenece.

Parece que hay un boom de estas terapias.
Cuando yo empecé, en 1985, Chueca era lo que era, estaba muy deterioriado por la droga y la delincuencia. Teníamos mucha clientela mayor, fundamentalmente personas que querían otras alternativas. Yo recuerdo que me decían lo jovencita que era. Pero en seguida empecé a tener a gente de mi edad a las que les gustaban estos métodos y empezaron a proliferar los cursos de medicina natural y las salidas al campo para reconocer plantas y diferenciarlas. En este momento hay todo tipo de personas interesadas.

Entonces tus clientes son muy diversos…
De todas las edades, aunque actualmente hay muchísima más gente joven. Y es que los que eran mayores cuando empezaron a interesarse por esto, por ley de vida, han muerto. Los que les siguen en edad están muy aferrados a lo que les dice el médico, aunque empiezan a recurrir a las plantas cuando se acuerdan, por ejemplo, de que su abuela usaba la manzanilla para lavarse los ojos. Y ahora predomina la gente joven, que incluso inculca a los niños el uso de infusiones de todo tipo.

Cajas de hierbas

Y hablando de edad ¿Ya has pensando qué harás con este negocio cuando te jubiles?
Ay, ahí le has dado… No te puedo contestar, porque no lo sé. Esto funciona, no es un negocio con el que vaya a hacerme rica, pero es mi negocio, soy mi jefa. A mi hija no creo que le guste, todavía es muy pequeñita, y en todo caso tendría que enfocarlo de otra manera, porque yo creo que soy la única parcela de campo de todo Madrid, porque no hay nadie más, no sé hasta cuándo tendrá esta demanda. Lo que sí es cierto que con la crisis no me quejo.

¿Entonces te va bien?
Sí, porque lo que ya no vendo es la cosmética natural ni los complementos vitamínicos, que son caros. Lo que tengo son plantas, porque los que las usan quieren hacerlo ellos mismos y partir de la planta. No quieren preparados. La gente piensa: “natural: planta; ya envasado; más químico”. Mando a toda España porque gracias a Internet me hacen muchos pedidos (a través de teléfono), porque yo internet… La verdad que la crisis nos está respetando. También ayuda el que yo sea conocida, y la publicidad del propio negocio al ser antiguo. Me afecta como a todos, pero…(toca madera).

¿Y cuál es en este momento tu mayor competencia?
Pues en este momento no tengo mucha porque yo misma me la he quitado. Por aquí han abierto tiendas gourmet, otras especializadas en alimentación biológica… y como yo misma me he quitado esos productos, no tengo esa competencia. Y no me da reparo, cuando me preguntan si tengo magdalenas sin azúcar para celiacos, en decir: “No, pero vete ahí enfrente”. Con los otros herbolarios me llevo muy bien, y nos enviamos clientela los unos a los otros. Me he quitado lo que podía hacerme competencia. A ver, alguna cosa de esas tengo, porque alguien puede venir y llevarse copos de avena. Pero de alimentación no tengo prácticamente nada.

Botes antiguos, de La Granja

Nos comentabas que Chueca antes era un barrio degradado. Háblanos de su evolución desde tu vivencia.
Yo empecé muy jovencita a trabajar aquí, y para estudiar la carrera, cuando tenía que coger el Metro, no lo hacía en Chueca, sino que me subía a Alonso Martínez. En la calle Pelayo no había luz, solo la nuestra, y los drogadictos venían a hacer los trapicheos. Ya nos conocían y no teníamos problemas con ellos, pero la gente que venía a comprar, sí. A partir de las seis podíamos cerrar porque aquí no venía nadie, nuestros fieles y poco más. El cambio ha sido radical. Además es que esta es una zona preciosa, con palacetes, con cultura…y ahora se ha lavado todo esto y está muy bien. También ha subido y estamos pagando el impuesto revolucionario de Chueca (ríe), porque hay que pagarlo, pero no tiene nada que ver. Incluso es un barrio aburrido, tenemos solo una semana al año de bullicio, y las noches son habitualmente muy tranquilitas. Los domingos parece que no hay nadie, solo ves a gente que va a misa.

¿Qué tiene que tener un local para llevar en pie 156 años?
Yo creo que lo primero es el producto, que ahora es único.  Y lo segundo es el trato que hemos dado la familia y la atención a la gente que viene. Las personas están muy hartas de ir a grandes superficies y coger las cosas sin que nadie les asesore, sin hablar. Y aquí cogen la silla y se sientan, aunque sea las viejitas que vienen a hacerte la visita del médico, porque la gente está sola y hay conversación. Los antiguos dueños no eran muy conversadores, pero tanto mi madre como mis hermanas hablamos muchísimo. Aquí el trato personalizado es muy importante.

¿Qué es lo que más se está llevando la gente?
Depende de la época. Ahora en primavera, el té verde. Hay una fiebre del té. También tomillo, para las infecciones, aunque eso se vende todo el año. Se está vendiendo muchísimo la gayuba y los arándanos para las infecciones de orina, ya que los médicos lo recomiendan. Y también depende de lo que salga en la revista de turno.

¿Y qué es lo más raro que tienes aquí?
Tengo muchas plantas, ni sé cuántas. Quizá la galanga, una raíz para limpiar el hígado y que al tener tanino ayuda a luchar contra cólicos y diarreas.

Antes había aquí un laboratorio…
Sigue existiendo, es donde envaso, ya que gracias a eso puedo vender las plantas. No es un laboratorio de química. Antes se hacían mezclas, fórmulas magistrales, ahora ya no se puede a no ser que sean fórmulas registradas.

El laboratorio de envasar de Rocío Nieto

¿Tienes algún cliente famoso?
Muchos, porque está ahí cerca la Sociedad de Autores, pero no sabría decirte nombres.

Eres joven, y tienes página web ¿Qué peso tiene en tu negocio?
Pues me llaman porque ven el número de teléfono en la página, pero por correo no es que yo conteste mucho. En el tema de Internet.. estoy en ello.

¿Sabes que hay páginas como 11870.com donde la gente puede guardarse sus empresas favoritas, compartirlas con sus amigos y dialogar con ellas?
Yo saberlo lo sé, pero no soy usuaria de Internet para nada, no me da tiempo a meterme y cuando llego a casa es lo último que me apetece. Tengo que hacerlo. Es la asignatura pendiente pero no creo que la apruebe nunca (ríe). Tengo a mi hermana que sí lleva más estos temas. Sé como funciona porque yo hago cursos y todo, pero…mi hija me enseña y me hace las cosas…

Por último, un pequeño cuestionario:

un oficio que admires: Yo quiero ser ama de casa y rica (ríe)… Hay muchos…por decirte uno, los bomberos.

Un restaurante o bar: Lamucca de Pez. Es que vivo encima.

Un rincón de Madrid: El Jardín Botánico.

Un viaje por hacer: ¡Todos! Tengo uno en mente que me apetece mucho, a Escocia.

Una hierba que no te guste nada y otra que te guste mucho: yo no puedo vivir sin el tomillo, lo uso para todo (ríe). Y una que no me gusta nada… ¡pues la cicuta!

Una caja para ginebras, llena de especias, por 30 euros, un producto estrella