Casa Pajuelo

Casa Pajuelo (Atocha 95, 914 29 06 51)

Es cruzar el umbral de esta tienda y no poder evitar viajar en el tiempo, muy lejos, hasta los colmados de pueblo o del Madrid de la posguerra; entrar en Casa Pajuelo es como asomarse a una novela de Cela o de Juan Varela. Huele muy dulce, mezcla de especias, tisanas. Y de miel, cómo no, porque este es el producto que más fama ha dado a esta “tienda-tertulia”, como le gusta llamarla a Pedro Pajuelo, su dueño, un tendero que además de biólogo y apicultor es una fuente inagotable para conocer el Madrid de otros tiempos. Con él hemos hablado de la miel, de las vueltas que da la vida y de cómo los comercios de toda la vida están muriendo arrollados por esta vida nuestra, tan loca.


Pedro Pajuelo, en el antiguo mostrador

Pedro, cuéntanos cómo Pedro, tu padre, funda este negocio en la capital…
Mi padre pasó la guerra en Madrid y alquiló este local porque quería montar un negocio. Se fijó en lo que había en esta ciudad. Él venía de una familia de Campanario (Extremadura) que ya se dedicaba al comercio de especias y pimentón, así como de productos para la matanza. Y Casa Pajuelo empezó siendo un almacén de tripas. Pero los clientes, al comprar las tripas, también pedían especias. Así que trajo especias. Y con el tiempo, vino la miel.

Casi de casualidad…
Mi abuela, en el pueblo, ya comerciaba con miel. De hecho era conocida como “Inés la de la miel” (ya sabes que en los pueblos te sacan apodo enseguida). Mi padre trajo una vasija y se la ofreció a un vecino que tenía una tienda de ultramarinos, pero no lo quiso. Así que lo vendió en la tienda. Y fue funcionando hasta ser lo más vendido en la tienda, que de hecho se conoce como la casa de la miel.  Ahora es como un bazar.

Con un gran espíritu de colmado de pueblo…
Sí, tiene ese aire. Lo de las legumbres, por ejemplo, es algo reciente, que he incorporado hace poco, tras conocer a un buen proveedor en una feria gourmet. Al final he acabado vendiendo garbanzos igual que mi abuela.

Pedro, cuéntanos como llegas a tomar el control del negocio, porque eres biólogo y apicultor…
Como todos los que venimos del negocio familiar, nuestro padre era además nuestro patrón. Uno quiere avanzar y seguir estudiando, aunque yo durante las mañanas venía aquí a trabajar y estudiaba por las tardes. Estuve muchos años trabajando de lo mío, en temas de enseñanza, apicultura y monitoraje. Pero en los ochenta también había crisis y de una forma un poco extraña cortaron los programas. Me quedé sin trabajo mientras que aquí, el encargado, Antonio, que rea primo de mi padre, se acercaba a la jubilación. Entré en 1996 cuando este se retiró, y mi padre murió poco después. Ahora somos una empresa familar, pues tengo otros tres hermanos.


Pedro posa en la fachada de su tienda

¿Y qué tal el balance de estos años?
Bien, porque mi formación y los años que he estado fuera me han servido: no es lo mismo estar en un mostrador habiendo salido fuera. Además yo soy apicultor y he dado cursos, y es una ventaja para ampliar el negocio en la medida de lo posible. Yo quería salir del mundo de la empresa y trabajar de lo mío, pero mira, al final, el destino ha hecho que acabe hasta el cuello.

Pero a gusto en tu tienda tertulia…
Así la llamo yo. Es una tienda antigua de verdad, no envejecida como los pubs de ahora. La estructura apenas ha variado. Lo que queremos en mantener el hilo entre abuelos, hijos y nietos. Y es algo que se agradece.

¿Y cómo lleváis la crisis?
Los negocios pequeños siempre hemos estado en crisis; nos enfrentamos a las grandes superficies, nos adaptamos a las nuevas normas…Esta es una crisis más, aunque es fuerte, porque afecta a todo el mundo. Como somos una tienda especializada lo que hacemos es mantener la calidad y los precios. Hay que luchar como gato panza arriba.

¿Y ya piensas en la continuidad familiar?
No sé si los de mi generación nos jubilaremos (ríe). Sobre la continuidad no hago planes. No tengo hijos, así que no lo sé, habrá que ver cómo vienen las cosas.

Háblanos de la miel , el producto estrella de tu tienda.
Nos centramos, sobre todo, en vender miel envasada, casi toda de España. Tenemos veinte tipos de todas partes del país. Vendemos también a granel pero es algo obsoleto, un poco de tradición.


Gregorio, el encargado, dispensa miel a granel para un cliente

Y los precios son razonables…
No son caros, y es miel de primera calidad garantizada. No queremos hacernos ricos en dos días.

Pero tenéis otros muchísimos productos: licores de miel, cosmética…
Empezamos con triplas y cuando ya no se hacían matanzas empezamos a meter otros productos. Tenemos como tres grandes líneas, actualmente: matanza, miel y derivados y alimentación natural.

En tu tienda hay bonitos objetos de otras similares que no han resistido. Por qué seguís aquí 66 años después?
Cada negocio es una película con su propia historia. En Atocha, en los últimos tres años, han cerrado diez locales de este estilo. A veces por desavenencias; otras porque te ofrecen alquileres… Nosotros no tenemos nada especial, simplemente hemos mantenido nuestra línea y alguna vez hemos estado a punto de cerrar.

¿Qué tipo de clientes vienen a Casa Pajuelo?
De todo lo que te puedas imaginar; desde indigentes hasta la persona más pija. Aquí siempre se ha abierto las puertas a todo el mundo.

¿Y famosos?
Vienen muchos actores, por la zona en la que estamos, aunque como yo estoy un poco “out” no reconozco a muchos. Aquí venía mucho Lucía Bosé con Dominguín, Paca Gabaldón, Manuel Galiana, Máximo Valverde e incluso, cuando era yo pequeño, Domingo Perón.

Tenéis web desde hace dos años…
Y ya estamos preparando otra. Yo era reacio, pero un amigo me insistía en que si no estás en Internet no existes. Y lo cierto es que funciona fenomenal. Cualquier publicidad lo hace. Lo quepasa es que yo era muy reacio a la informática, pero hay que renovarse o morir.

¿Y para cuándo te animas con las redes sociales?
Primero deja que terminemos la web y controle el ordenador y los correos y luego nos meteremos con eso.

¿Qué te parecen las webs como 11870.com, el hecho de que la gente opine de los negocios?
Todo lo que sea participación de la gente está bien. Es como el boca a boca de antes, solo que yo soy más de hablar tomando unas cañas. Ya desde mis tiempos de trabajar en un organismo del Ayuntamiento me di cuenta de que los ordenadores eran el futuro. También he tenido suerte porque me he relacionado con personas que hablaban de Internet cuando aún no había.

Respóndenos, por último, a un pequeño cuestionario:

Un bar o restaurante que te guste: La Pitarra y A Cañada.

Un rincón de Madrid: No me canso del Madrid de los Austrias

Algo que te gustaría vender: esencias florales

Un viaje pendiente: Muchos. Con el de Australia me conformaría.

Todavía venden tripas para hacer chorizos y matanza en casa

Casa Gispert

Casa Gispert (Carrer dels Sombrerers 25, 933 19 75 35)

Traspasar las puertas de este negocio centenario es toda una experiencia para los sentidos, especialmente para el olfato: el aroma de Gispert evoca a otras épocas en las que los manjares venían en barco desde muy lejos (“de la Habana viene un barco cargado de…”) y los frutos secos se compraban al peso en el mismo lugar en el que se tostaban.

Este negocio, uno de los más antiguos de la ciudad, permanece impasible al paso del tiempo en una de las calles laterales a la iglesia de Santa María del Mar, en lo que antaño fue el barrio del puerto y ahora es una pasarela de turistas con cámaras de fotos y locales que relatan cómo ha cambiado la zona. Unos y otros acaban pasando por Gispert en busca de los frutos tostados por Marc Martínez, tostador y actual encargado del negocio, con quien hemos hablado de su historia y muchas más cosas.


Marc Martínez, con sus almendras tostadas

Explícanos cuál es la historia del negocio

Yo soy el tostador y el encargado de la tienda. Los actuales dueños descubrieron Gispert cuando se iba a cerrar, hace 20 años y aunque ahora no trabajan físicamente en la tienda, cultivan las avellanas ecológicas que vendemos e intentan conservar la tradición. La empresa Gispert fecha de 1851. Tiene 160 años y si no nos equivocamos ahora mismo somos la segunda tienda más antigua de la ciudad, después de la bombonería Fargas. Para que la gente se pueda hacer a la idea, hace 160 años había cowboys en América y samuráis en Japón, es decir, es muy antigua.

¿Qué tipo de productos comercializáis?

Esto es lo que la gente llamaba antes una casa de productos coloniales, todo lo que venía de las colonias a través del puerto de Barcelona, que antes estaba más cerca de lo que está ahora ya que la Barceloneta es un barrio construido después. Descargaba mercancías como el café, cacaos, frutos secos, especias como las vainillas… Gispert era muy famoso por tostar frutos secos y café.


El horno tostador

Hoy en día nosotros mantenemos la filosofía de toda la vida de Gispert, es decir, la venta de productos coloniales y vendemos otras cosas más seleccionadas como mermeladas, vinos o aceites de oliva, pero la base continúa siendo la misma. Lo único que ya no hacemos es tostar café dentro de la tienda, nos especializamos en tostar el fruto seco.

¿Y se mantiene un tipo de negocio así?
Sí, bueno, cuesta mucho. Hay mucha gente que ahora con la crisis dice: “Ay, es que este año…” y para el pequeño empresario siempre es así, estamos acostumbrados a esto. Pero bueno, el negocio no vive sólo de la tienda sino que Gispert también exporta y distribuye al extranjero. Y eso ayuda un poco a hacer balanza.

¿Qué tipo de clientes tenéis?
Tenemos muchos turistas y de todos tipos, porque hay gente que entra preguntando que qué vendemos aquí y no tienen ni idea y otros que vienen ya informados porque lo han leído en alguna guía o en algún blog y viene aquí específicamente. Y también gente local, que esos sí que saben lo que vienen a buscar.

Y el futuro del negocio ¿Por dónde pasa?
Pues creo que la tienda seguirá, aunque eso va en función de los clientes: si siguen viniendo, seguiremos aquí. Lo que no vamos a hacer es cambiar la filosofía de la empresa, seguiremos fieles.

El barrio ha evolucionado mucho en todos estos años, claro ¿Qué cambios os han beneficiado?
La gente no tiene tanto miedo a bajar a este barrio. Cuando yo empecé (hace unos 11 años) aún tenía fama de peligroso, pero ahora parece que ya se ha conseguido quitar ese estigma. Sigue siendo muy interesante, sobre todo gastronómicamente, aunque ha perdido un poco de autenticidad. A nivel de negocio hemos visto cambios de horarios y cuesta más fidelizar.


El interior de la tienda

¿Alguna anécdota en tantos años de negocio?
Sí, algún famoso ha pasado por aquí. Y yo tengo una anécdota personal que me gusta mucho. Una vez que el metro iba muy lleno tenía un señor ciego delante de mí y me reconoció por el olor de mi ropa, que se queda impregnada del humo de tostar las almendras.

¿Habéis confiado en Internet para expandir vuestro negocio?
Tenemos un Facebook y una página web en la que estamos trabajando.

Ahora contéstanos a un breve cuestionario:

Sitio preferido de Barcelona: el barrio de Gracia.
Un restaurante que siempre recomiendes: Cal Pep.
Si no te hubieses dedicado a esto, hubieses sido: soy biólogo, pero como en este país no se invierte en investigación, me cambié.